Llegamos a la última etapa de mi viaje por el mundo de la ansiedad: el alcoholismo.

Qué es el alcoholismo

Para resumirlo, es el consumo excesivo de alcohol de forma prolongada, lo cual nos acaba creando una dependencia de esa sustancia.

El problema es definir cuánto es excesivo.

“Si me tomo 2 cervezas al día no me pasa nada, voy bien”. Ya, pero ¿necesitas tomarte esas 2 cervezas sí o sí para enfrentarte a la vida? Si es que sí, entonces tu consumo es excesivo.

Un usuario me preguntaba en un foro:

Crees que tengo un problema?bebo un par de cubatas por la noche,antes de irme a dormir.
Puedo caer en el alcoholismo?

Mi respuesta fue “¿Necesitas esos cubatas para dormir?”. Haciéndome preguntas como estas es como llegué a la conclusión de que yo tenía un problema.

En mi caso, me di cuenta de que mi consumo era excesivo cuando vi que siempre que bebía era para emborracharme. También porque me daba cuenta de que bebía para emborracharme estando solo en casa, estando solo en un bar o estando solo en un hotel por viaje de trabajo.

Pero todo eso tampoco me hizo dejar el alcohol porque, total, ¿quién no se emborracha de vez en cuándo? ¿A quién no le gusta ponerse piripi o pillar el puntillo de vez en cuándo?

El alcohol es una droga

Punto. No lo vistamos de otra manera. Es una droga socialmente aceptada como puede ser el tabaco. Es una droga que se anuncia en la tele, en las marquesinas, en la radio… pero una droga al fin y al cabo. Este es uno de los principales problemas que lleva a muchos jóvenes a ser alcohólicos.

¿A alguien se le ocurre llegar a una comida con tus suegros y que uno de ellos ponga una bolsa de cocaína encima de la mesa y se empiece a hacer unas rayas? No. Pero en cambio sí ponemos una botella de vino, que sigue siendo una droga, aunque no tan dura como la coca.

Pero el tema es que la gente se muere por culpa de esa droga. Muchos ni siquiera llegan a pedir ayuda para empezar un tratamiento para el alcoholismo en una clínica porque, simplemente, no son conscientes de que tienen una enfermedad. La gente se muere de cáncer de pulmón por el tabaco y también de cáncer de hígado por el alcohol o de cirrosis o de hipotermia porque se emborrachan y se quedan dormidos en la calle o se ahogan en su propio vómito. Así que al loro con aceptar cosas socialmente.

Entonces, ¿cómo sé si soy alcohólico? ¿Cuáles son los síntomas del alcoholismo?

El problema del alcohol

El Problema del alcohol acosa al hombre desde el momento en que éste lo descubrió como paliativo para los dolores de del cuerpo y del alma. Comparativamente, es sólo en época relativamente reciente que la ciencia comienza a interesarse verdaderamente en estudiar este problema con mayor profundidad. Esto se ha debido, principalmente, a que el alcoholismo ha sido, de todas las adicciones, la que mayor numero de víctimas se ah cobrado. Es, además, la enfermedad más costosa a nivel mundial.

Anteriormente, el esfuerzo por erradicar el abuso del alcohol se había limitado a tratar de controlar o limitar la producción de esta sustancia, así como también, a controlar y penalizar a la persona intoxicada. Finalmente, y tras años de experimentación y estudio, en 1956 se consideró al alcoholismo “una enfermedad” (OMS).

No fue fácil ni para profesionales en el ámbito médico ni para el público en general, aceptar esta realidad. La mayoría de las personas consideraban que esta sería la excusa perfecta para justificar el hecho de que la persona siguiera bebiendo cada vez más. Por ello, se rechazó de inmediato la idea de que el alcoholismo pudiera ser una enfermedad. No obstante, hubo otros que vieron en esta  definición una nueva vía de posibilidades…

De esta forma, surgieron una serie de modelos para el tratamiento del alcoholismo que dejaban de considerar el hecho como un vicio o una falta o flojedad de carácter para abordarlo como lo que realmente es, una enfermedad.

Así, comenzaron procesos de investigación en los que el objetivo era determinar cuáles eran las características concretas de esta enfermedad. Determinando las características sería más sencillo poder establecer un tratamiento adecuado.

En el desarrollo de los diferentes estudios se pusieron de manifiesto determinadas evidencias que venía a chocar, frontalmente, con las concepciones que hasta el momento, se tenían del alcoholismo.

El alcoholismo, considerado siempre como el problema principal de una persona, paso a ser un síntoma de un desajuste multifactorial en las diferentes esferas que componen la vida de una  persona. En la vida de esta persona, el alcohol funcionaba como un catalizador, una herramienta que permitía aliviar su malestar interno.

Consecuentemente, el objetivo principal de estos nuevos modelos de intervención en alcohólicos consistía en que la persona afectada tuviera, antes que nada, información y conciencia de la enfermedad que padecía. De ahí, podría plantearse el siguiente objetivo: cómo hacer que la persona se responsabilice de ella misma.

El origen del alcoholismo

Pero no solo en el ámbito de sus responsabilidades materiales o externas sino responsabilidad en el ámbito emocional o interno. Es, en este punto, donde radica el origen del alcoholismo. No sería aventurado definir al alcohólico como un analfabeto emocional. La incapacidad para que la persona pueda identificar, en un primer momento, y aceptar con posterioridad, las emociones y sentimientos que experimenta en cada momento de su vida es la base, sin olvidar componentes bio-psico-sociales que también confluyen, de la aparición de la enfermedad.

Hay una frase que explica perfectamente el cambio de percepción que los nuevos modelos incorporan:

“Una persona no se hace alcohólica por que consuma alcohol; consume alcohol por que es alcohólica…”

De esta forma, la condición de alcohólico no la determina el consumo de la sustancia, sino otra serie de factores que hacen que una persona llegue a abusar del alcohol para intentar dar respuesta a situaciones y acontecimientos en su vida que de manera natural, no alcanza a solucionar.

Sería como decir que se puede ser alcohólico sin beber. Y como se entiende esto?. Sencillo. El alcoholismo es una forma de afrontar la vida y el alcohol es lo que el alcohólico utiliza, en su creencia, como ayuda para poder afrontarla.

Hoy por hoy, cualquier programa de tratamiento para alcohólicos o cualquier modelo de intervención terapéutica que no considere que el alcoholismo sea una enfermedad, está condenado al fracaso.

Casualmente, los modelos de tratamiento a nivel mundial que mas efectividad están demostrando son aquellos que, además de considerar al alcohólico como un enfermo desde el aspecto físico también consideran al alcohólico como un enfermo desde el aspecto emocional.

El alcoholismo es una enfermad emocional. Una enfermedad del alma.

Consecuencias neuropsicológicas del alcoholismo

Un gran número de alcohólicos, concretamente del 50 al 70% muestran déficit neuropsicológicos de leves a moderados a consecuencia de la alta neurotoxicidad del alcohol y de la vulnerabilidad del individuo a esos efectos.

Los déficit neuropsicológicos encontrados se refieren fundamentalmente a las siguientes funciones: habilidades perceptivo motoras y visoespaciales, memoria y aprendizaje, velocidad de procesamiento de la información, atención y la función ejecutiva que englobaría, a su vez, la capacidad de planificación, la solución de problemas, la inhibición y la abstracción.

Se ha observado en numerosos estudios que dichos déficit se recuperan en el tiempo mediante una estricta abstinencia. Parece que el rendimiento en dichas funciones disminuye durante el primer mes de abstinencia debido principalmente a la sintomatología del síndrome abstinencia, pero una vez  superado dicho síndrome hay una recuperación progresiva de la función cognitiva siempre y cuando perdure la ausencia de consumo.

En esta progresión en la recuperación neuropsicológica en el paciente alcohólico, hay determinadas funciones que se recuperan antes y otras que comienzan a  mostrar mejoría más adelante. Dentro de estas funciones más tardías en la recuperación se encuentra la función ejecutiva o las funciones que se encuentran localizadas en la parte más frontal del encéfalo.

Dentro del funcionamiento ejecutivo se encuentra como hemos comentado anteriormente, la capacidad de planificación, la inhibición conductual y el razonamiento abstracto.

Estas funciones son fundamentales a la hora de asegurar un cierto éxito en los tratamientos de deshabituación utilizados en el alcoholismo crónico. Por  ejemplo un paciente con déficit en su capacidad de planificación puede exponerse con una mayor facilidad ante situaciones de riesgo y está comprobado que si este paciente presenta daños en lo referente a la inhibición conductual le resultará más costoso, ante situaciones de riesgo, inhibir el impulso de beber.

Por otra parte dentro un programa de tratamiento es fundamental que el paciente disponga de una adecuada capacidad de razonamiento y abstracción de los distintos conceptos que se le vayan presentando durante el programa, al igual que una aceptable capacidad para interiorizar dichos conceptos.

Por esto, es fundamental que se tenga en cuenta el nivel de deterioro cognitivo que presenta un paciente alcohólico que va a seguir un tratamiento de deshabituación y así poder adaptar dicho programa a los niveles de recuperación de las funciones cognitivas deterioradas.

Dentro de estas adaptaciones se podría destacar la inclusión de rehabilitación cognitiva en este tipo de programas. Incluso en pacientes altamente deteriorados comenzar basando el tratamiento en medidas únicamente conductuales para asegurar la abstinencia del paciente para posteriormente y coincidiendo con la recuperación de las distintas funciones ejecutivas, ir pasando a un tratamientos más de tipo psicológico-introspectivo, donde se de más prioridad al abordaje de conceptos abstractos como son los distintas problemas emocionales que afectan a este tipo de pacientes.

10 Comments

  1. Sí señor.
    El alcohol es una droga. Una droga y de las peores.
    He perdido a dos buenos amigos por culpa del alcohol. Uno murió de ataque cardíaco (las borracheras promueven el surgimiento de coágulos de sangre, que muchas veces pueden terminar causando ataques cardíacos o derrames cerebrales).
    El otro murió de cáncer de hígado. Letal. Duró 2 meses.

    NO JUGUÉIS CON EL ALCOHOL.

  2. Me ha tocado vivir el alcoholismo en mi familia y ha sido una pesadilla. Gritos en casa, peleas, violencia doméstica, maltrato psicológico… por desgracia mi padre no salió de ahí y tuvimos que echarle de casa mediando un juez.

    No juguéis con el alcohol, para vuestra familia será una tortura

  3. Tengo 49 años y llevo bebiendo de vez en cuando unos 10. Es terrible. Pierdes la vida social, trabajo, familia, todo. Yo reconixco mi enfermedad. Voy a ingresar por muy duro que sea!

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