La primera vez que me di cuenta de que algo le pasaba a mi cerebro fue cuando tenía 8 años. Sin saber por qué, me veía repitiendo la misma palabra (Bananarama o Tomahawk, por ejemplo), frase o canción centenares de veces y a diario.

En ocasiones puedes pensar que esto es normal, porque eres pequeño, pero eso va derivando en otras cosas como, por ejemplo:

  • Contar los escalones cada vez que subes o bajas escaleras
  • Sumar los números de las matrículas de los coches y dividirlos por la cantidad de números que tienen
  • Decir la misma frase cada vez que estornudas o eructas…

En definitiva, hay un listado de síntomas obsesivos que deberían ponerte en alerta, como:

  • Sentirte demasiado responsable de otras personas
  • Ver imágenes desagradables en tu mente: violencia, sexo, religión…
  • Tener pensamientos perturbadores. Esto es especialmente doloroso cuando encima los tienes con seres cercanos.
  • Preocupación excesiva por cosas como el orden, la simetría de los objetos, su alineación…

Además, tenemos otros síntomas compulsivos:

  • Comer incluso después de estar saciado
  • Beber alcohol más y más hasta que pierdas el control
  • Acumular objetos (ya sean útiles o inútiles)
  • Limpiar en exceso
  • Hacer el double-check de cosas como “¿he apagado la luz?”, “¿me he metido la tarjeta en la cartera después de pagar?”…

Normalmente esos síntomas del TOC vienen acompañados por otros trastornos asociados al pánico, a la ansiedad generalizada o social, a la depresión, a fobias específicas o fobias de impulsión, al trastorno bipolar, al de tics o al de uso de sustancias nocivas, como el que tenía yo y que derivó en alcoholismo.

En fin, todos estos síntomas ya deberían ponernos bajo sospecha de que sufrimos un trastorno obsesivo y que necesitamos tratamiento para el TOC.

Share this...
Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someone