Los síntomas que deberían hacerte pensar que puedes tener un problema con el alcohol son:

  • Que bebes compulsivamente
  • Que siempre que bebes es para emborracharte
  • Que cada vez necesitas beber más para conseguir el efecto deseado
  • Que necesitas el alcohol para enfrentarte a ciertas situaciones
  • Que bebes solo
  • Que dependes físicamente del alcohol (sufres abstinencia)
  • Que bebes a escondidas
  • Que no puedes controlar las cantidades que bebes
  • Que dedicas demasiado tiempo a beber

En mi caso, ¿sabes cuántos síntomas tenía? Excepto “necesitas el alcohol para enfrentarte a ciertas situaciones”, absolutamente todos.

¿Era un alcohólico? No de definición, sí de comportamiento. Resulta que lo que tenía era miedo. Bebía para olvidar. Para entrar en una falsa sensación artificial de bienestar en la que olvidaba momentáneamente los problemas. Pero, ¿sabes qué? La mierda siempre sale a flote.

Además, como soy un compulsivo, bebía sin parar. Una copa y otra y otra hasta que no podía más. El día que decidí dejarlo, no bebí más. No lo necesitaba. Había muchísimas más cosas en la vida que me llenaban más que el alcohol.

Otros síntomas de alerta serían que por culpa del alcohol no puedas realizar ciertas actividades de tu vida personal o profesional, que te enfadas con tus seres queridos o amigos cuando te dicen que bebes demasiado, que bebas en situaciones peligrosas (conduciendo, por ejemplo), que sigas bebiendo aunque sepas que ello hará que tengas problemas legales… Estos síntomas se pueden agudizar y derivar en problemas más graves en la adolescencia.

Amigo, todos esos síntomas no quieren decir que seas alcohólico, pero sí que tienes un problema con tu consumo de alcohol. Si has llegado hasta aquí y crees que tienes un problema, sigue leyendo el capítulo sobre tratamiento del alcoholismo.

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